Aquí les dejo un fragmento del discurso pronunciado por George Papandreou titulado: “Justicia Social, Libertad y Democracia”. Llevado acabo en Puerto Vallarta, Jalisco, el 17 de noviembre de 2008, en una reunión de la Internacional Socialista. Chequen otros discursos y artículos relacionados con el socialismo democrático en Confluencia XXI, Enero - Marzo de 2009. Les dejo el link:
Confluencia XXI, Enero - Marzo de 2009
“A los jóvenes:
Hacemos un llamado a nuestra juventud, a la generación joven actual.
Hoy, ustedes, la generación más joven, se enfrentan a los retos más terribles que la humanidad ha conocido jamás, desde el cambio climático hasta la pobreza masiva, las pandemias y la migración en masa, los precios de los alimentos y la crisis energética, la proliferación nuclear, el terror y el tráfico organizado de armas, drogas y seres humanos.
Nuestro movimiento, nuestros partidos, nuestras raíces están en los movimientos de jóvenes. Nuestros movimientos han luchado por las aspiraciones de la juventud…
…Un nuevo amanecer inspirado por ideales.
Nuestros partidos se han identificado siempre con estos ideales. Hemos luchado por esos valores y continuamos compartiéndolos en nuestro movimiento global.
Justicia social, libertad y democracia. El derecho a una sociedad que coloca al ser humano en el centro. Esta es nuestra tradición, esta es nuestra identidad, este es nuestro compromiso. La juventud mundial lucha contra la ideología neoconservadora.
Al igual que la juventud del mundo luchó por la democracia en América Latina, Europa y África, y en mi propio país, en los años sesenta, setenta y ochenta, la juventud ha regresado a la política. Regresado para recuperar su derecho a ser escuchada, de lograr un cambio, de tener esperanza de nuevo.
Esto es lo que simboliza la victoria democrática en el país al norte de sus fronteras. La campaña y elección del primer Presidente afroamericano es una revuelta en contra de la muerte de nuestras instituciones democráticas, no sólo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. Y esta es una señal de esperanza, de la esperanza que los ciudadanos y las sociedades recuperen su poder, de una revuelta contra la pasividad, el cinismo, los que siembran el temor, la xenofobia y el racismo, todo aquello que ha silenciado las voces y esperanzas de nuestra sociedad y de nuestra juventud.
Celebramos nuestra reunión este día en la universidad en donde habló Salvador Allende. Dediquemos esta sesión del Consejo a la juventud mexicana, latinoamericana, mundial, este día.
Dediquemos esta reunión a la esperanza que han creado.
Dediquemos nuestra reunión a los que han desarrollado blogs, a los navegadores de Internet, a los voluntarios, a los creadores de Youtube y Facebook, quienes tratan de cambiar al mundo.
Desde EUA a China, Latinoamérica, África y Europa.
Y mandemos un mensaje a nuestra juventud en todo el mundo:
Haremos que se escuche nuestra voz fuerte y clara.
No porque sea nuestra voz, sino porque es una voz que expresa el sufrimiento y la esperanza. Porque estamos aquí para que su voz sea más fuerte. ¡Para que se escuche su voz!
Y el mensaje es claro: es nuestra voz, es su voz, es la voz de todos los que aspiran, tienen esperanza, saben y confían en que sí, “sí podemos, podemos cambiar el mundo”.”
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lunes, 8 de junio de 2009
domingo, 1 de marzo de 2009
Vale el esfuerzo
Marzo 1, 2009
Revista Confluencia XXI. No. 4. Página 93 a 95. Enero – Marzo de 2009
En 1951, que se celebró en Frankfurt ese trascendental congreso de refundación de la Internacional y de renovación de sus propuestas. Atrás, las dos grandes guerras que significaron a la primera mitad del siglo XX.
Urgencia de construir la paz y de encontrar alternativas a los totalitarismos de cualquier signo. La igualdad y la justicia encontraban una luminosa manera de plantearse, reivindicando, a un tiempo, la libertad y la democracia. Renacía el anhelo de un mundo mejor y la esperanza de alcanzarlo. Se perfilaba el rumbo.
Grandes figuras se significaron en aquellos tiempos; en el recuerdo indeleble de los pueblos, aquel que conforma la verdadera historia del mundo, las personalidades de Willy Brandt y de Olof Palme dejaron huella y ejemplificaron el valor de la política socialdemócrata, con ideales y capacidad de acción.
Mucha agua, desde entonces, ha corrido bajo los puentes.
Paulatinamente, el desarrollo del capitalismo, la revolución científica y tecnológica, el doloroso derrumbe del socialismo real de Europa del Este y el inicio de la era del capital financiero como componente preponderante de las renovadas estructuras de dominación, fueron recreando un horizonte que refuncionalizaba la modernidad para, sutilmente, al principio, y despiadadamente, después, elaborar sofisticadas formas de exacción de pueblos y trabajadores, y entronizar un modelo, sintetizado en el Consenso de Washington, al que correspondió discurso, formación de nuevas élites y verbalización de otros paradigmas, proyecto y modelo que se apoderó y se empoderó, y que, después de sucesivas crisis parciales, hizo eclosión en la debacle financiera norteamericana que se manifestó en las semanas recientes, cuya repercusión afecta dramáticamente a la economía del mundo.
Es, enmarcados por este contexto, que casi seis décadas después de aquel 1951 del Congreso de Frankfurt, y en otro continente, donde además de la clásica participación europea, contamos con una presencia de representantes de organizaciones de países emergentes y en vías de desarrollo, que nos reunimos ahora, en el espacio de una universidad pública de tendencia progresista, la prestigiada Universidad de Guadalajara, en la que el Presidente Salvador Allende, de Chile, encontrara el afecto de miles de jóvenes mexicanos; aquí, en esta conurbación de municipios de dos entidades federativas que expresan el vigor del federalismo mexicano; aquí, en esta región que hizo eclosión económica y generó oportunidades gracias a la Reforma Agraria que redistribuyó en ejidos la Costa Esmeralda del Occidente de México, nos reunimos –digo- para aportar, para dilucidar, cómo es que a partir del pensamiento socialdemócrata podemos proponer al orbe confundido un conjunto de ideas que permitan que el nuevo milenio no sea un horizonte sin sentido y sin esperanza, o un universo de crisis cíclicas y recuperaciones temporales que refuncionalizan a la acumulación.
Estimo que un primer fruto de esta reunión es que el Partido de la Revolución Democrática y el Partido Revolucionario Institucional, dos partidos mexicanos que juntos podrían constituir una formidable fuerza que cambiaría el destino de México, compartan este espacio de reflexión en respetuosa convivencia, reconociendo el valor de las ideas y del fin superior que trasciende a la coyuntural disputa electoral.
Son tiempos difíciles los nuestros. Que templan el carácter y exigen mirada penetrante, que descubra el sentido y no enceguezca por los fuegos de artificio.
Es fácil confundir la naturaleza del debate.
El debate no se reduce a si los organismos financieros tuvieron o no la regulación pertinente o si la aplicaron rigurosamente o si la omitieron. El verdadero debate estriba en si la era del capital financiero, si estos niveles descomunales de acumulación, con las cifras en millardos de la economía virtual, que en treinta minutos de paroxismo de un puñado de promotores de bolsa pueden desfondar a cualquier pequeño país, es una arquitectura económica que hace sustentable a la gran casa del hombre, nuestro planeta Tierra. Que le da viabilidad.
El debate consiste en una visión económica que reconozca el verdadero valor del trabajo remunerador, que provea de ingreso suficiente a millones de seres humanos para que desplieguen sus potencialidades. Que organice que la economía le dé espacio de realización a todas y a todos, y la agricultura mundial garantice producción y distribución que provea de alimentos a la totalidad del género humano.
A veces formular las preguntas correctas es la premisa para hallar las soluciones.
¿Cómo hacemos compatible desarrollo económico con protección del medio ambiente y diseñamos políticas de crecimiento, distribución del ingreso y sustentabilidad, que cuiden al patrimonio del mundo para las nuevas y venideras generaciones?
¿Cómo subordinamos la revolución científica y tecnológica, para que sus avances constituyan un valor social que beneficie a los grandes conglomerados y facilite su acceso a bienes, servicios y verdaderas condiciones de bienestar?
¿Cómo resolvemos las variables de volumen demográfico y la necesidad de empleos decentes para millones de personas que requieren dónde emplearse para obtener un ingreso suficiente; o cómo imaginamos nuevos paradigmas que permitan proveer satisfactores aunque no existan plazas ocupacionales para resolver la demanda de una demografía joven y multitudinaria?
¿Cómo valoramos la movilidad del trabajo y derrumbamos las barreras al libre tránsito de las personas, la discriminación a lo distinto, el rechazo a la inclusión?
¿Cómo erradicamos la hambruna?
¿Cómo enfrentamos el cambio climático y prevemos la perdurabilidad del globo terráqueo?
¿Cómo reivindicamos que el bienestar del hombre y de la mujer, de la colectividad, las condiciones para su desarrollo pleno, constituyen el eje, lo que significa la razón de ser del quehacer político, de la vocación por lo público, del ejercicio del poder?
Camina el hombre, a tropezones, enceguecido, en la confusión que surge de toda transición profunda, y apena su desconcierto, su conservadurismo o el oportunismo que lo lleva a confundir lo coyuntural con lo perdurable, lo funcional con lo trascendente. Alienta el triunfo de opciones progresistas en diversas latitudes, la asunción de la democracia como valor.
Época de espacios breves para los luchadores sociales, de cobertura limitada para las naciones independientes, de difíciles retos para los hombres de Estado, en la que se han rebasado conceptos esenciales de las categorías políticas con las que la historia clasificaba al siglo XX, y todavía no acertamos a concertar la nueva conceptualización que dé cauce a la interpretación pertinente del milenio que comienza y dé las soluciones que requiere.
Abogo, en esta etapa de signos paradójicos, por reivindicar el paradigma de lo humano, por impulsar una nueva edición del humanismo, por arribar, después de la tormenta que puede hacer zozobrar al navío del mundo, a un discurso y una categorización renovada que asuma la vigencia del hombre, de la mujer, de la vida, de la armonía con la naturaleza, del imperio de la convivencia creativa y liberadora, y proponga horizonte cierto a la sociedad humana. Apelo, por políticas y acciones que posibiliten el bienestar de la gente, que alcancen, con instrumentos contemporáneos, esa vieja, ancestral aspiración de nuestros pueblos, ese sueño de nuestros fundadores: la justicia social, en la paz, en la libertad. Ese propósito incesante por alcanzar, en la diversidad, la igualdad. Que la ciudadanía del siglo XXI, universal, alimentada de culturas y realidades regionales, engendre los nuevos hombres y mujeres de los tiempos nuevos, donde nos atrevamos, nuevamente, a parafrasear que la búsqueda de la felicidad es un intento que merece el esfuerzo.
Ojalá que esta reunión del Consejo de la Internacional Socialista contribuya a ello.
Que así sea.
Discurso pronunciado en la sesión del consejo de la Internacional Socialista
el 17 de noviembre de 2008, en Puerto Vallarta, Jalisco.
Este texto no fue leído en su totalidad por razones logísticas, pero la autora sostiene como su punto de vista, el contenido.
Revista Confluencia XXI. No. 4. Página 93 a 95. Enero – Marzo de 2009
En 1951, que se celebró en Frankfurt ese trascendental congreso de refundación de la Internacional y de renovación de sus propuestas. Atrás, las dos grandes guerras que significaron a la primera mitad del siglo XX.
Urgencia de construir la paz y de encontrar alternativas a los totalitarismos de cualquier signo. La igualdad y la justicia encontraban una luminosa manera de plantearse, reivindicando, a un tiempo, la libertad y la democracia. Renacía el anhelo de un mundo mejor y la esperanza de alcanzarlo. Se perfilaba el rumbo.
Grandes figuras se significaron en aquellos tiempos; en el recuerdo indeleble de los pueblos, aquel que conforma la verdadera historia del mundo, las personalidades de Willy Brandt y de Olof Palme dejaron huella y ejemplificaron el valor de la política socialdemócrata, con ideales y capacidad de acción.
Mucha agua, desde entonces, ha corrido bajo los puentes.
Paulatinamente, el desarrollo del capitalismo, la revolución científica y tecnológica, el doloroso derrumbe del socialismo real de Europa del Este y el inicio de la era del capital financiero como componente preponderante de las renovadas estructuras de dominación, fueron recreando un horizonte que refuncionalizaba la modernidad para, sutilmente, al principio, y despiadadamente, después, elaborar sofisticadas formas de exacción de pueblos y trabajadores, y entronizar un modelo, sintetizado en el Consenso de Washington, al que correspondió discurso, formación de nuevas élites y verbalización de otros paradigmas, proyecto y modelo que se apoderó y se empoderó, y que, después de sucesivas crisis parciales, hizo eclosión en la debacle financiera norteamericana que se manifestó en las semanas recientes, cuya repercusión afecta dramáticamente a la economía del mundo.
Es, enmarcados por este contexto, que casi seis décadas después de aquel 1951 del Congreso de Frankfurt, y en otro continente, donde además de la clásica participación europea, contamos con una presencia de representantes de organizaciones de países emergentes y en vías de desarrollo, que nos reunimos ahora, en el espacio de una universidad pública de tendencia progresista, la prestigiada Universidad de Guadalajara, en la que el Presidente Salvador Allende, de Chile, encontrara el afecto de miles de jóvenes mexicanos; aquí, en esta conurbación de municipios de dos entidades federativas que expresan el vigor del federalismo mexicano; aquí, en esta región que hizo eclosión económica y generó oportunidades gracias a la Reforma Agraria que redistribuyó en ejidos la Costa Esmeralda del Occidente de México, nos reunimos –digo- para aportar, para dilucidar, cómo es que a partir del pensamiento socialdemócrata podemos proponer al orbe confundido un conjunto de ideas que permitan que el nuevo milenio no sea un horizonte sin sentido y sin esperanza, o un universo de crisis cíclicas y recuperaciones temporales que refuncionalizan a la acumulación.
Estimo que un primer fruto de esta reunión es que el Partido de la Revolución Democrática y el Partido Revolucionario Institucional, dos partidos mexicanos que juntos podrían constituir una formidable fuerza que cambiaría el destino de México, compartan este espacio de reflexión en respetuosa convivencia, reconociendo el valor de las ideas y del fin superior que trasciende a la coyuntural disputa electoral.
Son tiempos difíciles los nuestros. Que templan el carácter y exigen mirada penetrante, que descubra el sentido y no enceguezca por los fuegos de artificio.
Es fácil confundir la naturaleza del debate.
El debate no se reduce a si los organismos financieros tuvieron o no la regulación pertinente o si la aplicaron rigurosamente o si la omitieron. El verdadero debate estriba en si la era del capital financiero, si estos niveles descomunales de acumulación, con las cifras en millardos de la economía virtual, que en treinta minutos de paroxismo de un puñado de promotores de bolsa pueden desfondar a cualquier pequeño país, es una arquitectura económica que hace sustentable a la gran casa del hombre, nuestro planeta Tierra. Que le da viabilidad.
El debate consiste en una visión económica que reconozca el verdadero valor del trabajo remunerador, que provea de ingreso suficiente a millones de seres humanos para que desplieguen sus potencialidades. Que organice que la economía le dé espacio de realización a todas y a todos, y la agricultura mundial garantice producción y distribución que provea de alimentos a la totalidad del género humano.
A veces formular las preguntas correctas es la premisa para hallar las soluciones.
¿Cómo hacemos compatible desarrollo económico con protección del medio ambiente y diseñamos políticas de crecimiento, distribución del ingreso y sustentabilidad, que cuiden al patrimonio del mundo para las nuevas y venideras generaciones?
¿Cómo subordinamos la revolución científica y tecnológica, para que sus avances constituyan un valor social que beneficie a los grandes conglomerados y facilite su acceso a bienes, servicios y verdaderas condiciones de bienestar?
¿Cómo resolvemos las variables de volumen demográfico y la necesidad de empleos decentes para millones de personas que requieren dónde emplearse para obtener un ingreso suficiente; o cómo imaginamos nuevos paradigmas que permitan proveer satisfactores aunque no existan plazas ocupacionales para resolver la demanda de una demografía joven y multitudinaria?
¿Cómo valoramos la movilidad del trabajo y derrumbamos las barreras al libre tránsito de las personas, la discriminación a lo distinto, el rechazo a la inclusión?
¿Cómo erradicamos la hambruna?
¿Cómo enfrentamos el cambio climático y prevemos la perdurabilidad del globo terráqueo?
¿Cómo reivindicamos que el bienestar del hombre y de la mujer, de la colectividad, las condiciones para su desarrollo pleno, constituyen el eje, lo que significa la razón de ser del quehacer político, de la vocación por lo público, del ejercicio del poder?
Camina el hombre, a tropezones, enceguecido, en la confusión que surge de toda transición profunda, y apena su desconcierto, su conservadurismo o el oportunismo que lo lleva a confundir lo coyuntural con lo perdurable, lo funcional con lo trascendente. Alienta el triunfo de opciones progresistas en diversas latitudes, la asunción de la democracia como valor.
Época de espacios breves para los luchadores sociales, de cobertura limitada para las naciones independientes, de difíciles retos para los hombres de Estado, en la que se han rebasado conceptos esenciales de las categorías políticas con las que la historia clasificaba al siglo XX, y todavía no acertamos a concertar la nueva conceptualización que dé cauce a la interpretación pertinente del milenio que comienza y dé las soluciones que requiere.
Abogo, en esta etapa de signos paradójicos, por reivindicar el paradigma de lo humano, por impulsar una nueva edición del humanismo, por arribar, después de la tormenta que puede hacer zozobrar al navío del mundo, a un discurso y una categorización renovada que asuma la vigencia del hombre, de la mujer, de la vida, de la armonía con la naturaleza, del imperio de la convivencia creativa y liberadora, y proponga horizonte cierto a la sociedad humana. Apelo, por políticas y acciones que posibiliten el bienestar de la gente, que alcancen, con instrumentos contemporáneos, esa vieja, ancestral aspiración de nuestros pueblos, ese sueño de nuestros fundadores: la justicia social, en la paz, en la libertad. Ese propósito incesante por alcanzar, en la diversidad, la igualdad. Que la ciudadanía del siglo XXI, universal, alimentada de culturas y realidades regionales, engendre los nuevos hombres y mujeres de los tiempos nuevos, donde nos atrevamos, nuevamente, a parafrasear que la búsqueda de la felicidad es un intento que merece el esfuerzo.
Ojalá que esta reunión del Consejo de la Internacional Socialista contribuya a ello.
Que así sea.
Discurso pronunciado en la sesión del consejo de la Internacional Socialista
el 17 de noviembre de 2008, en Puerto Vallarta, Jalisco.
Este texto no fue leído en su totalidad por razones logísticas, pero la autora sostiene como su punto de vista, el contenido.
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